El “yo claro” europeo y el “yo difuminado” oriental es la constante transversalidad sobre la cual descansa mi obra, centrando la investigación en la relación coextensiva entre poder, resistencia, creatividad y vida. Pues es precisamente donde habitan las relaciones de poder, que habita el poder y existe, por ende, la resistencia.

Para esto, me sirvo de un tejido hibridado entre una filosofía y estética taoista, y las ficciones políticas estatalizadas desde el S. XVII hasta nuestros días y sus discursos clínicos (tanatopolítica, biopolítica y farmacopornopolítica), las cuales fundamentan la presente “era del biopoder”. Un discurso ético personal convertido en estética, que unifica mi trabajo y que declara que la normalización de procedimientos disciplinarios y técnicas médico-normalizadoras, ha convertido al ser humano en sujeto y la vida en objeto u historial clínico.

Desde la austeridad cromática y la diversidad de lenguajes y medios, desarrollo una obra siempre sutil, vitalista; con la intención de consolidar la idea y la acción de resistencia ejercida por el ser humano, como un elemento dinámico “en potencia de ser”, un espacio vital y un hábitat social. Entendida ésta como vigor, identidad, fortaleza, memoria, integridad, dignidad, rebeldía, intimidad, desobediencia o libertad. Y es que somos la “imago” y la luciérnaga de Huberman, la auto-transformación proclamada por Jean Paul Sartre, somos la práctica de la libertad, o por lo menos, el intento.

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