Habiendo nacido súbdita y devenido ciudadana en algún indeterminado momento de mis 19 años, por algún cambio legislativo, caí en una vorágine mental de descrédito hacia todos y todas, que solo se pudo resolver con altas dotes de feminismo.

A pesar de lo cual, hasta bien entrado el siglo XXI estuve haciendo escultura al modo clásico, tal y como se fundió la gran bombarda de Constantinopla. Finalmente, mi propia confusión y la confusión que me provocó el choque entre los siglos XX y XXI, parece que conseguí aclararla mezclando el activismo feminista y el arte, algo que me ha proporcionado un lugar de relativa tranquilidad mental.

Quiero pensar que no solo a mí, ya que la comparto con otras mujeres a través de los talleres Pensar Tu Yo Creativo, de donde salen trabajos de autoría colectiva, cada vez más interesantes, como son, por ejemplo, las performances de Mercado Canalla. Lugares de pensamiento colectivo feminista que me llenan de emoción y energía.

Independientemente de esta línea de trabajo, generando espacios terapéuticos con las mujeres (me interesa aclarar que no haciendo arteterapia, siempre tengo como colaboradoras a terapeutas especializadas,), sigo llevando a cabo encargos escultóricos como, por ejemplo, el de Francisca de Pedraza, o impartiendo clases y conferencias sobre la violencia contra las mujeres o la situación de las mujeres en el mundo del arte. Así como llevando a cabo gestión de proyectos culturales con perspectiva feminista.

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