Mi trabajo tiene su germen en la acción, ya sea esta pública o privada, en los procesos del cuerpo y su relación con sigo mismo y con los objetos que lo "visten" o que manipula. Me nutro de lo cotidiano como elemento inspirador de mi trabajo, quizás porque no tengo demasiada imaginación y siempre he tenido los pies bastante bien plantados sobre la tierra. Y esa "cotidianidad" de mis propuestas no sólo está en lo que digo, nunca me gustaron los mensajes grandilocuentes. Si no también en como lo digo: en mi propia presencia, en los espacios que escojo y en los materiales que utilizo. Digamos que a partir de la realidad tangible me gusta construir narraciones diferentes. Para mí muy importante: "la forma", la estructura formal de cada pieza o performance. Porque en el supuesto, que dudo mucho, de que pudiera separarse el contenido de la forma ("lo que se dice" de "como se dice"), en mi trabajo este elemento que podríamos llamar "narrativo" no es una proposición desde lo consciente sino más bien una "manifestación" de lo inconsciente, de mis propios mitos y miedos, de lo que soy y del tiempo y las circunstancias que me han tocado vivir y por tanto, y desde mi punto de vista, incontrolable e intocable.

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