http://www.galeriaraquelponce.es/galeria.phpGalería Raquel Ponce
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Sobre la exposición individual de Françoise Vanneraud en la Galería Raquel Ponce.Noviembre/Diciembre 2011. Madrid.

David Armengol

“No me cuentes más historias”, título escogido por Françoise Vanneraud para su primera exposición individual en la galería Raquel Ponce de Madrid, podría ser perfectamente el título de una novela. Un relato ficticio que, de entrada, construye una trama argumental entre, al menos, dos personajes. Por un lado, aquel que pide – o exige – no seguir escuchando más historias; por el otro, aquel que no puede más que seguir contándolas. Un esquema de proximidad y dependencia mutua que, como expectativa inicial, conlleva una tensión dramática susceptible de trasladarse al ámbito del arte.

Pese al imperativo deseo de dejar de escuchar – o al menos de dejar de escuchar más –, No me cuentes más historias supone para la artista francesa una auténtica declaración de principios sobre su manera de entender la práctica artística. Una práctica centrada en la acumulación frenética de dibujos que, ya sea desde soportes como el papel o la madera, ya sea a través de su expansión sobre los muros del espacio expositivo, se ofrece ante nosotros a modo de relato fantástico, anómalo y singular. Una suerte de narrativa visual repleta de elementos extraordinarios que, desde un estilo primitivo y una fantasía siniestra, incita a repensar algunas características universales de la condición humana; tales como la inseguridad, el  miedo, el deseo, el éxito o la fe.

Más allá del atractivo formal del dibujo de Vanneraud, la potencia discursiva de su obra se sitúa más bien en un plano mental y psíquico. Una aproximación psicológica a las fantasías y temores que sustentan nuestra relación con el entorno inmediato (las preguntas básicas: “quienes somos, qué hacemos…”) y que definen su trabajo a partir de un ejercicio constante de alteración simbólica de la realidad. Una fabulación del yo en el que aquello asumido y seguro se torna frágil, inestable y dudoso a partir de un continuo juego de contrarios (lo bello y lo siniestro, lo familiar y lo extraño, lo real y lo ficticio) que, al fin y al cabo, nos sumerge en un estado de inconsciencia irreal; una especie de sueño en el que lo ansiado y lo temido desdibujan sus límites para situarnos en continua situación de alerta. 

En este sentido, la exposición construye una narrativa no-lineal en la que la autonomía y complementariedad de cinco nuevas series de dibujos, nos invita a adentrarnos en los entresijos de su cosmogonía personal.

No me cuentes más historias, intervención mural en blanco y negro, exhibe una asfixiante historia en la que un caos de pensamientos delirantes se despliega solemne sobre las paredes de la galería. Relatos fragmentados y secundarios en los que personajes antropomórficos y múltiples simbologías (como la del ojo único) dan lugar a una escenografía inquietante que se erige como capítulo principal de la muestra.

La serie Érase una no vez – anulación irónica del habitual inicio del cuento infantil –  exhibe un conjunto de 25 dibujos sobre madera en los que, esta vez a través del color y el pequeño formato, la artista clasifica y aísla diferentes visiones fantasmagóricas para crear una colección de personajes híbridos y grotescos. Un ejercicio de negación que contrasta con el optimismo amargo de Cada día en superficie es un día bueno, serie de dibujos que plagian la portada de varios periódicos (Le Monde, The Sunday Telegraph, El País o el ABC) para redibujar y destacar simplemente aquellas noticias sin tintes explícitamente negativos; algo que evidentemente genera una gran cantidad de espacios vacíos.

Réquiem for a Dream retoma la estructura expansiva y narrativa característica de su obra. Tres nuevos relatos en los que la incursión de textos breves (algo habitual en sus composiciones) le permiten explorar de una manera más directa la compleja condición del artista en la actualidad.

Finalmente, el recorrido concluye con Buscando escapatoria, un nuevo intento de huída en la que un paisaje inhóspito repleto de seres híbridos extrañamente familiares, nos enfrenta con la atracción y el temor que suscitan los entornos que determinan nuestra rutina diaria; ya sean estos los propios del arte o los de cualquier otro aspecto de la vida cotidiana.

En definitiva, y retomando de nuevo el título, No me cuentes más historias supone un viaje en cinco capítulos por el imaginario fantástico de Françoise Vanneraud.  Un sistema de resignificación de lo real a base de relatos ficticios centrados en el dibujo que, a partir de un enunciado simple y directo – la imposibilidad de dejar de contar – genera un encuentro afectivo en el que la artista, como incansable narradora, es capaz de abrumar al espectador hasta hacerle, incluso, pedir una tregua. De todos modos, sus dibujos no la conceden.

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