Publicación del libro Un grito a voces, un proyecto de Julia Galán comisariado por Semíramis González

Un grito a voces fue un proyecto expositivo de Julia Galán realizado en el MuVIM (www.muvim.es), y comisariado por Semíramis González. Con él, buscamos que el espacio museístico dialogará con las más recientes manifestaciones del feminismo contemporáneo promoviendo el respeto a los derechos humanos y la igualdad de género. Para ello, el proyecto propuso tres acciones concretas desde su inauguración, el día 8 de marzo de 2020 (día internacional de la mujer trabajadora) hasta hoy.

La primera de estas acciones consistió en una intervención a gran escala sobre la fachada del MuVIM. En ella observamos una fotografía de la boca de una mujer gritando como símbolo de todas las voces que a nivel mundial se unen en un gran grito que exige la igualdad de género. En la segunda acción, la artista propuso la creación de un mural participativo ubicado en el MuVIM, en el cual el público es invitado a escribir sus ideas en torno a las diversas luchas vinculadas al feminismo de la igualdad.

El proyecto culmina este mes de marzo de 2021 con una publicación a modo de “libro abierto” en el cual la artista recopila una serie de reflexiones realizadas por mujeres vinculadas al ámbito de las artes y la cultura, que expresan su posición respecto a la lucha por la igualdad en el escenario socio-político actual.

Por eso el “grito a voces” de este proyecto es precisamente el de la sororidad.
Es un grito elevado en unión, que denuncia el patriarcado como problema y la sororidad como respuesta. Un grito para saciar el hambre y la sed de millones de mujeres en el mundo, para eliminar las variadas formas de discriminación y violencia. La desigualdad es inadmisible, pero una noción parcial de igualdad también lo es.

La igualdad no debe pretender homogeneizar sino reconocer la diversidad y actuar sobre la base de ella para conseguir los mismos derechos y libertades. Implica reivindicar una igualdad diversa, dinámica y abarcativa, frente a la homogeneidad, el pensamiento único, y la dominación cultural impuestas por las fronteras patriarcales de género en cuanto a los derechos humanos de las mujeres.

Un grito que se contagia, que suma a más y más personas, ampliando los vínculos y las redes internacionales con el objeto de crear normas, legislación y políticas en pro de la erradicación de la opresión de género. Es un grito, una alianza. Un pacto entre pares que nunca antes habían podido pactar y que, a causa de eso, quedaron por fuera del terreno de lo público y de la arena política. Un grito para encontrarnos, mirarnos y reconocernos en un único clamor:
“¡Por mí y por todas!”.

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