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 Concha Romeu. Lazos de sangre

El patio de su casa es particular, se ilumina de día, como los demás. Allí hay un mar de telas y una canoa, que navega despacio entre las rocas. Tiene un casco con quilla y una veleta que le indica los vientos y las tormentas. Y una lila que canta, también un puerto, donde bailan las voces de las mujeres… que bajaban en grupos al lavadero con los cestos rebosantes de ropa y las manos rebosantes de sabañones. Olor a jabón.En uno de los cajones, entre tijeras, se enredan las miradas con las ojeras. Allí duermen los hilos y los dedales. Para enhebrar la aguja, los anteojos. Un lapicero corto, y un sacapuntas. Retales ordenados, por los colores. Pinchazos de alfileres… envueltos en antiguas fotos descoloridas y recortes de prensa, diaria. Noticiero a presión.El patio de su casa es un tendedero, donde vuelan las telas de los abuelos. Sábanas, almohadones, ropa de cama, cuidada por membrillos y por manzanas. Y recortes de rostros palideciendo… aún no encontró la fruta que frene su olvido. Recuerda.

Estábamos recorriendo su colección de imágenes de mujeres impresas sobre diferentes telas y papeles, sus cajones de fotos viejas, también de mujeres, unas encontradas en el álbum familiar, otras tomadas de entre los restos de alguna mudanza (y en aquél amasijo de recuerdos, esta palabra vibraba entre el mudar y la mudez), sus recortes de periódicos clavados en la pared, mujeres sonrientes, postales de familias felices de los cincuenta, referencias a artistas contemporáneas, fotos del holocausto, y de desaparecidos de aquí y de allá, llorados por mujeres… y esas estampas de la barbarie cotidiana, habituales, en las que el rojo de la sangre se esparce en los blancos de las camisas, de las camillas, de las batas de los médicos, de las sábanas de los hospitales… Y más recortes de imágenes fotográficas de mujeres; fotocopias, impresiones, transferencias…De pronto le oí decir casi imperceptiblemente: “a todas las conozco…”Ha montado un lienzo pintado de rojo sobre un bastidor y lo ha cubierto con otro lienzo al que ha trasferido la imagen de una mujer. A esta se le puede identificar. Y ha tomado el extremo de la tela. Y ha rasgado, poco a poco, su rostro. De abajo a arriba. Y ha comido sus bocas. Hasta media nariz, sin llegar a los ojos, que no parezcan lágrimas. Y ha dejado una cinta de restos que se desprende hasta el suelo. Ahora otras mujeres. No se quienes son. Rasgadas. Y lo ha hecho una y otra vez, atendiendo a cada cara, a su individualidad, a su identidad, a su imagen, pero de igual manera. Todas mujeres. A la manera del desprendimiento. Y ahora las cintas se enredan en el suelo creando un envoltorio, como si fuera un ovillo, en el que descansan sus rasgos, sus rastros.O también. Ha tomado las cintas de mujer y ha tejido una jarapa de sombras. Rayados y subrayados.O también. Ha ensartado el ovillo en agujas de tricotar y ha tejido una larga cenefa de la que cuelgan miradas. Telas para abrigarse. Contra el olvido, el abrigo.“En el futuro no retornará más que lo que no puede ser presente (el modo poético)…”, decía Blanchot- El paso (no) más allá- 1973.

Ropa de cama a la espera. Cortada, plegada, ordenada, guardada. En la recámara, o sea, por detrás de la cámara. Allí donde se afirma la cámara. De fotos. Viejas. De fotos viejas. Al acecho. Cuidado con el corte. Y confección. Cuidado con el corte y con la confección.Lienzos lavados, tendidos, planchados, cosidos. Formato diseño. DIN-A algo. Cortados en trozos de oficina: folios, fichas, sobres, tarjetones. Tamaño intercambio formalizado y comunicación corporativa, que es el módulo básico de los soportes donde crecerán más tarde las palabras. Álbum de fotos. Formación documental. Para entendidos. Para entendernos. Desde estos formatos se habla. Modo narrativo.Sigue Blanchot: “… lo mismo que en el pasado no ha retornado más que aquello que del pasado no perteneció jamás a un presente (el modo narrativo)”.Formatos a la espera. Cobertores de almazuela. Ahora cosidos, los unos sobre los otros hasta ofuscar la sábana coloreada. Una vez los rasgos rasgados se enredaron haciéndose ovillo, descubrimos el lienzo empapado en acrílico rojo. Muchos pinchazos. Ahora a encubrir, a vestir, arropar.A la espera de que en algún momento taponen la herida: (es un decir, no hay herida, es pintura. Tranquilidad. No es una labor sanitaria. Ni un gesto caritativo. No hay apósitos. Ni drenajes).Solo labores domésticas, cosidos, tintes y cosas así. No, no hay pupa. Ni tampoco cura. Lo cotidiano, solo lo cotidiano: “Hago, deshago, rehago…”Acrílico corrosivo. Qué le vamos a hacer, detrás de cada producto doméstico se esconde un mordiente capaz de devorar los más íntimos tejidos y los más sólidos papeles. Son los problemas de la producción globalizada. Consumo a discreción. Las tintas y los tintes caen sobre nuestros textos, sobre nuestras imágenes y los consumen. Ahora, los ratones se deslizan, ya no muerden, mientras las gotas de tintura agujerean cuanto encuentran a su paso. Y son especialmente agresivas cuando caen sobre lienzos en desuso o se vierten en imágenes de antaño. Las perfora sin piedad.Tejido calado y medio punto (labores de hogar). Perforado de precisión (artes visuales). Documentos carcoma (nueva cocina). Efecto ametralladora en proceso ascendente (antes perdigones, juegos de niños).El patio de su casa es particular. Le duele la penumbra como a los demás.

Josu Larrañaga AltunaJulio 2010

 

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