Inauguración: 10 de marzo de 2016

Del 11 de marzo al 15 de abril de 2016

                                                                                                                        

 Lugar: Galería Magda Bellotti

           Fúcar, 22

           Madrid

 

 

Esta es una  exposición que, dentro de la Bienal Miradas de Mujeres, quiere rendir homenaje  a mujeres  artistas,  que como Nellina, no abandonaron  nunca su vocación,  dedicación  y coraje  para seguir  adelante   en un mundo  las  más  de las veces hostiles al justo reconocimiento  de sus trabajos.

 

    Nellina Pistolesi artista de origen italiano nacida  en Madrid en 1925.  Curso estudios  en la Academia  de Bellas  Artes  de San  Fernando  en plena posguerra española. Junto con otras artistas como  Juana Francés amiga  personal.  Han sido una generación de artistas que luchaban  por  encontrar un hueco en la escena artística Española. En  1960  recibe  la Premio  Francisco  Alcántara  y  en 1966  la Beca  de laFundación  Juan March.

 

La  obra de Nellina Pistolesi se  convierte   a finales  de los  setenta  en  una búsqueda del tiempo perdido y de una recuperación de la memoria; y así como los primeros  trabajos  de los  años  cincuenta  y  sesenta  tienen  la influencia  de pintores como  Carlo Carrá, Mario Sironi,  Massimo  Campigli,   con  planos  de color  muy definidos,   una materia   seca   y   empastada    y   colores   que van   definiendo   la composición,  a partir  de ese momento,  que coincide  con una pausa creativa, sus cuadros cambian  a una paleta donde predominan los grises y tonos más oscuros y empiezan a   contar, a   través    del  cine,  recortes    de   revistas,   periódicos, libros,  experiencias  de  un   pasado que se  va   sincronizando  con   ese  material meticulosamente  escogido. Y en esa narración y a pesar de la consciente elección de  temas   muy   variados,   se   van    repitiendo    argumentos   que  hablan de  la imposibilidad de la comunicación  entre  hombre  y mujer, la soledad, la pérdida de un mundo,  el de la infancia, a manos de otro desconocido  y temible. Cuadros de ascensores, escaleras, coches como los  de “Fresas  Salvajes”  de Ingmar  Bergman  o “Las  Uvas de  la  Ira”  de  John  Ford,  bailes,  trenes  que se  alejan  como se  aleja  el pasado y  el mundo  mecánico   e  industrial.  Un largo adiós  a  un  mundo   que desaparece  y el estupor del hombre contemporáneo por el abismo visual que  va  delos primeros años a los de la madurez. 

 

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