En el año 1989, un grupo de mujeres con caretas de gorila irrumpían en el Metropolitan Museum de Nueva York y colocaban una pancarta en la que aparecía la incónica Gran Odalisca de Dominique Ingres con una máscara de primate. Con letras negras y estridentes, se podía leer: «¿Tiene que estar desnudas las mujeres para entrar en el MET? «Solamente en el 5% de las colecciones de arte contemporáneo hay mujeres artistas que exponen. Eso sí, un 85% de los cuerpos desnudos que se muestran son de mujeres».

Sus estadísticas incontestables y sus agudas e inteligentes performances defendieron a las mujeres con careta de gorila. -Las Guerrilla Girls- (Guerrilla y Gorila se pronuncia igual en inglés) abanderadas de un movimiento feminista que denunciaba la poca presencia de las mujeres en el mundo del arte.

Corrían los años 80 cuando Jeff Koons exhibía en los museos neoyorquinos aspiradoras, utensilios y su amor por la estrella porno Cicciolina. Una apología constante y descarnada del consumismo, el lujo y la competitividad sin preocupaciones y sin ideología. L’art pour l’art ochentero se llamaba Commodity y East Village se convertía en el barrio de moda para los posmodernos nihilistas.

No obstante, de un contexto intelectual y militante más laxo que el de los años 60 y 70, un grupo de artistas que fueron marginados por cuestiones políticas o raciales emergía poniendo el acento creativo en el activismo social y en acciones colectivas. Se apoderaban de la calle pero también de las galerías para hacer oír sus voces disidentes. Barbara Kruger o el colectivo General Ideal eran algunos de los ejemplos.

De este contexto más politizado nacieron las Guerrilla Girls, un grupo formado por mujeres con el objetivo de combatir el sexismo y el racismo en el mundo del arte. Como ellas mismas explicaban: «Las Guerrilla Girls somos artistas y activistas feministas. En público llevamos máscaras de gorila, y utilizamos el humor y una imagen irreverente y provocadora para denunciar los prejuicios de género y de raza, y también la corrupción en la política, el arte, el cine y la cultura pop».

Autodenominándose «la conciencia del mundo del arte», en 1985 empezaron una campaña con carteles que interpelaban directamente a los museos, galerías, comisarios, críticos y artistas como responsables de la exclusión de las mujeres y de las personas de color del circuito oficial de exposiciones y publicaciones. Imprimían carteles baratos y salían de noche a colgarlos al SoHo de Manhattan. Las Guerrilla Girls se apropiaron del lenguaje visual de la publicidad para transmitir sus mensajes de una manera rápida y accesible. En sus carteles —habitualmente en letra negrita sobre un fondo blanco o de color—, ofrecían datos y estadísticas recogidas por ellas mismas sobre la ausencia de mujeres en el mundo del arte usando recursos como interrogaciones, el elemento sorpresa y el humor.

Las mujeres invisibles de la historia

El movimiento, todavía vigente, sigue siendo anónimo, las Guerrilla Girls van enmascaradas y siempre utilizan nombres de artistas mujeres como Kathe Kollwitz, Alma Thomas, Rosalba Carriera, Frida Kahlo o Hannah Höch. Sus acciones tienen un componente crítico con el feminismo activista estricto que consideran aburrido, serio y formal.

Últimamente, las Gorilla Girls reclaman, no sólo la presencia de mujeres artistas en los museos, sino la recuperación del relato (la Herstory) de las mujeres pintoras, escultoras y creadoras que la historia ha olvidado o silenciado. La actriz Jemima Kirke protagonista de la serie de HBO Girls se ha asociado con la Tate Modern de Londres y las Guerrilla Girls para enseñar en un vídeo, que ya se ha hecho viral, quiénes eran y qué hacían las mujeres en la historia del arte. Desde mujeres como Lee Krasner que fue eclipsada por su marido Jackson Pollock a Judith Leyster una pintora de la escuela barroca que todo el mundo confunde con Frans Hals. Tan parecidos eran sus cuadros que incluso los libros de historia del arte atribuyeron cuatro de sus obras en Hals y el Louvre llegó a colgar uno de los cuadros de Leyster, Happy couple, asegurando que estaba pintado por artista neerlandés.

¿Dónde están las mujeres artistas?

Han pasado treinta años de las primeras acciones de guerrilla feminista y no obstante, la presencia de mujeres artistas en los museos sigue siendo escasa.
Según el Observatorio de género con la colaboración de Mujeres en las Artes Visuales (MAV), sólo un 14% de lo que se expuso a los museos de Barcelona en el año 2016 eran muestras de mujeres. En la Feria Arco de Madrid, este año, un grupo de mujeres artistas se puso diademas en la cabeza con el símbolo del geolocalizador de Google para demostrar que las mujeres estaban -una performance de protesta que pasó bastante desapercibida. Arco había expuesto un 4% de mujeres en el año 2016 y un 5% en 2017, unas cifras muy bajas para la gran feria del arte contemporáneo que quiere ser. En Barcelona, ​​sólo hay un equipamiento museístico que dirija una mujer, Judit Carrera al frente del CCCB desde julio de 2018.

Los días 21 y 22 de enero el museo MACBA de Barcelona, ​​que también cuenta con una exposición permanente sobre la historia y las contribuciones al mundo del activismo artístico de las Guerrilla Girls, acogía el Symposium Talking Galleries. Más de 25 profesionales de renombre internacional de Europa, América y África compartieron mesas de debate con galeristas, coleccionistas, periodistas de arte, comisarios, artistas y directores con la voluntad de profundizar en la desigualdad de género en el mercado de el arte.

Los datos expuestos fueron devastadoras, según The Art Newspaper, de 590 grandes exposiciones de cerca de 70 instituciones en Estados Unidos, en el periodo 2007-2013, sólo un 27% se dedicaron a mujeres artistas. Clare McAndrew, consultora de Artes Economics, autora de informes sobre el mercado del arte y responsable de moderar la mesa Mujeres artistas en el mercado del arte señalaba que entre 3.400 galerías de todo el mundo un 48% reconoce que exponen a menos de un 25% de mujeres y sólo un 10% exponen igual o más mujeres artistas que hombres.