El espacio Santa Clara de Morón de la Frontera (Sevilla), acogerá desde el 7 al 27 de marzo la exposición Al límite: entre lo público y lo privado, un proyecto de los grupos
de investigación Observatorio de paisajes, y Arte, técnica y sostenibilidad de la Universidad de Sevilla.

La muestra que incluye más de cuarenta piezas indaga, cuestiona y reivindica el uso del espacio público y privado desde una miríada de técnicas artísticas con las que se invita
al espectador a investigar sus propios límites. Desde el tejido aéreo natural y construido que configura la ciudad, pasando por los lenguajes icónicos aprendidos,
hasta la periferia más al límite, el proyecto explora a través de la pintura y la instalación las sensaciones de pertenencia a un ámbito u otro.

La bienvenida a la exposición la da una imponente instalación del artista Paco Lara Barranco, con la que invita al espectador a transgredir un ‘prohibido el paso’ para adentrarse en un espacio reservado.

Más allá, la técnica del estofado aparece en la obra de Carlos Rojas-Redondo, subrayando la intrahistoria de edificios históricos que conviven con las azoteas contemporáneas de Alba Cortés.

A vista de pájaro los habitantes son vistos y se ven, dominan el horizonte del ritmo acelerado de la ciudad, se encuentran y desencuentran, en una miríada de perspectivas que son tan elocuentes y artificiales o tan misteriosas y orgánicas como las que presentan las pinturas de Carmen Andreu-Lara.

La vegetación que traspasa insolente cualquier límite espacial es un enrejado oculto que conecta las malas hierbas de edificios históricos y las macetas de azoteas, que irradia esa nervatura subterránea hacia la obra de Rocío Arregui-Pradas y Rocío Aguilar-Nuevo.

Desde telas entoladas a cúpulas de cristal, de flores primorosamente bordadas a avisperos grotescamente naturalizados, los espacios son conquistados por personas, flores e insectos. Una fragmentación que volverá a aparecer en las pinturas de David Serrano, José García Perera y José Naranjo Ferrari. Por un momento, todo penderá de alfileres, todo se diluirá y desaparecerá, y finalmente todo fluirá en un río que tras pasar por el centro de la ciudad nos llevará a los suburbios, a las maquetas de Israel Tirado que ponen de manifiesto la ciudad más periférica. Porque la conquista de esos espacios públicos y privados sólo quedará en la memoria, en el cementerio al Ángeles de la Torre nos hace enfrentarnos y donde todo termina o comienza.

La exposición nos desafía, por tanto, a experimentar con la multiplicidad de usos de estos espacios, a entender su plurifuncionalidad, así como hacer una revisión desde el arte sobre la dinámica de los espacios fronterizos entre lo público y lo privado en nuestras ciudades y cómo definen nuestra identidad. Y es que para descubrir los límites de lo público y lo privado hay que conocer a los vecinos (humanos y no) y hay que adentrase en lo desconocido. Hay que ser valiente, hay que conocerse, fluir, borrarse y renacer.

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