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¿DÓNDE VAN LOS BEBÉS QUE SE PIERDEN?

La instalación utilizando los muñecos como lo simbólico que es que se nos educara para la maternidad como principal objetivo y, de este modo, castigarnos después en ella.
El ingreso de una mujer en el Auxilio Social, o en cualquier centro público, a través del Patronato de la Merced, y más tarde del patronato de San Pablo, significaba perder de forma automática la tutela legal. El decreto emitido por el Ministerio de Gobernación precisaba también que sólo podían obtener la tutela “personas irreprochables desde el triple punto de vista religioso, ético y nacional”
Los años en los cuales en España el pecado se convierte en delito, donde la “proscripción civil” atraviesa toda la vida de quien se ve encausado/a y de toda su familia: un hijo de rojo, un hospiciano del Auxilio Social, o de un convento, siempre va a ser portador del estigma. Vallejo Nájera dixit: “Y legarán a sus hijos un nombre infame: los que traicionan a la patria no pueden legar a la descendencia apellidos honrados.” (VINYES, R. 2002, 82 – 92).
Criminales de pensamiento, palabra, obra y omisión por designio del Régimen.
En la cárcel de Las Ventas, proyectada por Victoria Kent, pensada para albergar a quinientas mujeres, se encerrarán en torno a once mil mujeres después de la guerra, incluyendo embarazadas y los hijos e hijas de las capturadas. Esta situación lleva a la creación, en 1940, de la Prisión de Madres lactantes, con los métodos eugenésicos instigados por Vallejo Nájera. Madres e hijos/as solo podían estar juntos una hora y cualquier motivo ocasionará el castigo de la ausencia. Con el tiempo serán las madres solteras el objetivo de esta reeducación, muchas de ellas forzadas por sus propios padres a deshacerse de sus hijos, contando con la complicidad de monjas y médicos que oportunamente les asegurarán que el bebé ha muerto para que no se empeñen en criarlo.
Estos niños y estas niñas son los y las bebés secuestrados/as, enajenados, identidades robadas, las personas exiliadas de sí mismas. Hasta 1986. Lo innombrable.
A través de esta instalación queremos representar lo poco o nada que le importaba a quienes secuestraron a estos niños y niñas la dignidad de estas madres. Colgándolos de cualquier manera, dejándolos tirados de cualquier manera por el suelo, con esa tela oscura de fondo de la que sale esa tela roja representando la sangre de la herida que siempre mana, a un tiempo que podría ser la sangre del parto que siempre va a estar presente en esa herida que siempre va a estar en la mente de esa madre que nunca va a poder hablarlo.
Que nunca va a poder llevar a juicio a quienes lo hicieron porque está obligada al silencio.
Porque en este estado de la impunidad no puede obtener ni verdad ni justicia ni reparación.
Porque esta obligada a un exilio interior que no puede ni nombrar.

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