UNA CALLE PARA SOFONISBA ANGUISSOLA EN EL ESCORIAL
Dora Román

Artículo originalmente publicado en M-arte y cultura visual

Sofonisba Anguissola, Autorretrato (detalle), 1556

Resulta extraño que un lugar emblemático para la historia del arte como es el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, no tenga en sus alrededores una calle con el nombre de una pintora que realizó magníficos retratos en la corte de Felipe II, promotor de tan gran obra.

El Escorial y San Lorenzo de El Escorial comparten una historia común y coinciden en el escaso número de calles de mujeres en sus planos: un exiguo 2% en el primer caso y un 3% en el segundo, por lo que la oportunidad de distinguir a esta artista con el nombre de una calle se hace aún mayor.

Sofonisba Anguissola (Cremona 1535 – Palermo 1625) no fue la única artista relacionada con El Escorial, pero sus varios lazos con la zona me llevan a pedir una calle para ella, en un proyecto de reconocimiento, de igualdad y de enseñanza.

Sofonisba no fue ni la primera pintora de la historia ni tampoco la primera del Renacimiento, pero sí la que pudo estar más cerca de nosotros, ya que sus años de residencia en la corte española, entre 1560-1573, coincidieron con parte de los años en los que transcurrió la construcción del Monasterio (1563-1586). Anguissola vino a España como dama de compañía de Isabel de Valois, un cargo en la corte que era, en términos sociales, más importante que el de pintora y que le permitió llevar una vida cómoda y lujosa cercana a la reina, y al que llegó tras una destacada actividad artística en Italia y como compañía idónea para la joven tercera esposa de Felipe II, con la que congenió desde el primer momento.

Puesto que la vida de la reina transcurría en público y sus damas la acompañaban siempre, no sería extraño que con ella hubiera sido testigo de la construcción del Monasterio, bien expresamente o bien camino de Valsaín, donde era costumbre que los Austrias pasaran las Jornadas de Verano en tanto se construía el edificio; meses en los que la etiqueta se relajaba y probablemente ella dispusiera de más tiempo para pintar.

Aunque sus tareas le impedían dedicarse a esta actividad a jornada completa, como sí hacían sus colegas masculinos, encontró tiempo para realizar numerosos retratos. Entre otros, el de Ana de Austria o el de Isabel de Valois de 1561, del que se hicieron varias versiones y del que se conservan las copias de Rubens, Sánchez Coello y Pantoja de la Cruz, y que fueron los elegidos por el escultor Pompeo Leoni para el cenotafio en bronce situado en la Basílica del Monasterio. En cuanto a la figura del príncipe Carlos, el escultor utilizó la copia que Sánchez Coello había realizado de la obra de Sofonisba Anguissola, cuyo resultado había agradado tanto al hijo del rey, por representarle más dignamente, que solicitó fuera copiado por los artistas de la época

Como dama al servicio de la reina, mantuvo también una estrecha relación con otros miembros de la nobleza a los que retrató, como sucedió con la hermana del rey, Juana de Austria, para quien en 1561 empezó un retrato destinado al Papa, encargo que tuvo que interrumpir para dedicarse al de la reina, el cual, retomado posteriormente y aunque hoy no está identificado, se ha creído durante mucho tiempo de la autoría de Tiziano o de Alonso Sánchez Coello. De Pantoja de la Cruz también se consideraron durante largo tiempo los retratos de Felipe II y Ana de Austria, probablemente porque no respondían al estilo de Alonso Sánchez Coello –retratista oficial del monarca–, siendo los de Sofonisba mucho más delicados y cercanos al personaje.

De su mano surgieron también las pinturas realizadas de las infantas Isabel Clara Eugenia y Catalina Micaela, que sabemos pasaron temporadas en El Escorial, donde incluso puedo realizar el de otra dama, propietaria de una casa en la localidad, Ana de Mendoza, princesa de Éboli, pues, dada la posición de su marido, se alojaban cerca del rey. Tal vez también lo hicieron otros familiares de Felipe II retratados por Sofonisba: Juan de Austria y Alejandro Farnesio, hijo y nieto del emperador, respectivamente.

Quizá su relación con la corte escurialense finalizase el 23 de junio de 1573. En esta fecha, el rey, que, junto con parte de su familia, se encontraba en San Lorenzo dispuesto a pasar allí la temporada de verano, firmó un salvoconducto que la autorizaba a atravesar los puertos de los diferentes reinos españoles. Merced a esto, Sofonisba se desplazó a Italia, dando por terminada la etapa española, ya que a primeros del mes de octubre ya se encontraba en Palermo casada con su primer marido, Fabrizio de Moncada.

La calidad de su obra y el hecho de que la misma se confundiera con la de figuras claves de la pintura del siglo XVI, como Tiziano, Pantoja de la Cruz o Sánchez Coello, así como la circunstancia de ser una de las cuatro únicas mujeres que tienen obra colgada en el Museo Nacional del Prado, una de las más importantes pinacotecas mundiales, son suficientes razones para distinguirla.

Hacerlo aquí, dada su posible estancia en El Escorial, reconocer su inspiración para las estatuas de bronce de la Basílica y la realización de retratos de figuras tan vinculadas a nuestra historia local, constituyen motivos suficientes para que la petición de su calle cuente con un entusiasta apoyo tanto en la localidad como más allá de sus límites.

Las casi doscientas postales recibidas hasta ahora, tanto de España como de fuera del país, y el apoyo de cincuenta entidades de distinta índole, junto con otras actividades que se están planteando actualmente, muestran la inclinación de tantas personas interesadas en la consecución de que su nombre sea reconocido, por fin, en este lugar.

Más información:
https://www.yosoysofonisbayquierounacalle.com

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