MAYO 2013:CARTA ABIERTA "DETRÁS DE CADA MONUMENTO DE CULTURA..."_05/11/2012

CUANDO OIGO LA PALABRA CULTURA…

“Detrás de cada monumento de cultura, se esconde un monumento de barbarie”, Walter Benjamin.

La cultura recoge, entre otros elementos, los recursos materiales así como inmateriales que las personas heredamos, utilizamos, transformamos, aumentamos y transmitimos (Leach, 1971). A través de la cultura aprendemos a saber qué éramos, qué somos y tenemos la posibilidad de construirnos e imaginarnos en un futuro.

Por ello la cultura, raíz y fundamento de las humanidades, nos enseña a saber cómo fuimos, nos muestran como un espejo qué somos y qué podemos llegar a ser. Nos permite vernos como sujetos de nuestro proyecto de vida. A la inversa, un pueblo que no tiene un campo simbólico donde reflejarse y crecer, es pasto de la barbarie, la fragilidad y la manipulación fácil de rasgos identitarios superficiales.

La educación enseña a pensar, a conocer, a imaginarse y pensarse en diferentes situaciones. Nos ayuda a crear, por tanto, situaciones posibles donde vivir dignamente. Ese es también el campo de la cultura, pues se nutre de mujeres y hombres dispuestos a poner en práctica espacios nuevos para el pensamiento, la acción y el futuro. De ello trata la cultura. Y la educación.

Esta educación, esta cultura, ha permitido a las mujeres situarse como protagonistas de su historia a la par que los hombres y ha permitido que no fueran sólo las clases altas masculinas las que definieran los espacios del conocimiento, y los únicos sujetos de las artes y las ciencias. Por ello nuestra cultura ha crecido, se ha enriquecido y ha enriquecido a quien la contemplaba y leía.

La cultura no es entretenimiento. No es entretenimiento, señores ministros, leer a Cervantes o a Rosalía de Castro, escuchar a Falla, admirar a Sara Varas o contemplar una obra de Velázquez o María Blanchard. Situarnos ante una obra plástica, una representación musical, dramática o de danza es un ejercicio de crecimiento personal y social; es educación y es también, por qué no decirlo, contribuir a sentir que hay un futuro posible, más allá de la miseria que nos circunda.

La “marca España” que este gobierno trata de exportar y transmitir debe su contenido a los productos culturales de mujeres y hombres de este país. No se remite sólo a la gastronomía, los paisajes y el acceso a las playas. Muchas personas se acercan a este país para ver los resultados de un pueblo creador y para compartir, como seres humanos, los beneficios de una sensibilidad educada estéticamente. El turismo cultural, del que se beneficia el producto interior bruto de este Estado, se nutre del esfuerzo de creadoras y creadores durante siglos. Este esfuerzo está siendo cercenado de modo radical por aquellos que debieran protegerlo, apoyarlo y ayudar a desarrollarlo.

El Estado, como responsable del crecimiento de un país, debiera responsabilizarse de preservar, defender y aumentar la cultura de sus ciudadanos, única garantía de su integridad y desarrollo humano. Ello debiera traducirse en apoyo a sus creadores y en la creación de una sensibilidad estética a través de la educación. Ni lo uno ni lo otro parece importar al Ministerio de Educación y Cultura que aumenta obstáculos en el desarrollo cultural y elimina oportunidades y acceso en educación.

De hecho, el gobierno actual parece haber diseñado una estrategia de destrucción de la cultura, APLICANDO DEL IVA MÁS ALTO DE TODA LA ZONA EURO A LA CULTURA REALIZADA Y DIFUNDIDA EN ESPAÑA y desmantelando el sistema educativo, con especial hincapié en las artes.

Mientras esto sucede, las palabras que otrora tenían un significado digno y enaltecedor como democracia, inclusión, igualdad, transparencia y libertad, abandonan su significado, como utiliza el actor su maquillaje, para confundir,  burlar y aturdir a un pueblo que confiaba hasta ahora en la honestidad de los gobernantes y sus discursos.

Los datos son alarmantes. Asistimos a la reducción presupuestaria de hasta el 70% en instituciones culturales (MUSAC de León, Museo Patio Herreriano de Valladolid, CGAC de Santiago de Compostela, MARCO de Vigo, etc.), que deriva en la imposibilidad de cubrir gastos generales. El incumplimiento de las partidas presupuestarias comprometidas y la retirada de las provisiones para el último trimestre del 2012 obligan a los museos y centros de arte (como el CAAC, la Fundación Oteiza, etc.) a cancelar exposiciones y actividades programadas; ello conlleva la reducción estricta del programa de actividades expositivas, didácticas, formativas, o de difusión que supone una grave incidencia en su visibilidad y en la disminución de posibles visitantes. Las fundaciones y Obras sociales de las entidades bancarias son las primeras víctimas de la banca española, lo que se deriva en una considerable reducción de su actividad cultural, cuando no en su progresivo desmantelamiento. La precariedad del compromiso de las entidades bancarias con la cultura en general y con las artes visuales en particular, afecta asimismo a la conservación y difusión de su patrimonio artístico y deja en el aire el destino de sus colecciones de arte.

Los recortes están aniquilando el tejido independiente formado por espacios, festivales, publicaciones artísticas, etc. construido cuidadosa y pacientemente durante años, un caldo de cultivo de I+D cultural que promueve la experimentación e investigación y genera oportunidades para artistas, abocado ahora a la desaparición por las desafortunadas medidas del gobierno.

Debido a la reducción y retraso de las subvenciones otorgadas, los pocos centros de producción artística, desde las artes visuales, a la danza o música,  se ven obligados a pedir créditos a bancos con unos interese altísimos, que deben cubrir desde su propia economía, ya de por si  lacerada y continuar llenando las arcas de cajas y bancos.

En el apartado de galerías de arte, tememos que éstas se conviertan en la circunscripción estrictamente privada para las adquisiciones de obras de arte, ya que las instituciones o no tienen presupuesto o es tan escaso que la brutal subida del IVA al 21% las reduce prácticamente a cero, mientras otros países como Alemania, mantiene el IVA del mercado del arte al 5%, o países como Francia, protegen a sus galerías limitando la compra de obra de museos y centros franceses a ampliar sus fondos únicamente a través de la compra de galerías nacionales, mientras el gobierno español no diseña ninguna estrategia de protección o apoyo. Después de tantos años invertidos en hacer pedagogía- tanto desde las galerías como desde las asociaciones de artistas -en la conveniencia de hacer contratos y facturas, el crecimiento del IVA está aumentado las actividades fraudulentas que perjudica no sólo a las galerías profesionales, sino al propio Estado que impone un impuesto desmedido.

Asistimos paralelamente a la huida de artistas españoles a galerías extranjeras donde pueden encontrar mejor venta dado el IVA reducido, mientras se produce el agravamiento de las complicadas perspectivas de difusión nacional e internacional de los artistas que las galerías representan, por razones presupuestarias y por la imposibilidad de contribuir al conocimiento y difusión de sus trayectorias y obras a través de exposiciones y catálogos. Ello conlleva además grandes dificultades para integrar en sus programaciones expositivas a artistas extranjeros por los costes elevados que tendrán que asumir en exclusiva así como por el pago de impuestos, muy superiores a los de otros países de la zona euro. Todo ello trae consigo un impacto negativo en la consideración de la ferias de arte, en especial en las celebradas en España, como es el caso de ARCO.

Víctimas como hemos señalado de la subida del IVA, los artistas visuales ven reducidas sus expectativas de venta de obras, perjudicados por actividades fraudulentas que empañan el frágil mercado del arte español. Los y las artistas asisten a la paralización de proyectos, estancias de estudio e investigación dentro y fuera de España; sufren el freno de exposiciones y actividades en sus trayectorias artísticas y la ausencia de estudios teóricos que profundicen en el conocimiento y difusión de sus obras; sus condiciones de trabajo se ven reducidas al mínimo, ya que no pueden afrontar sistemas actuales de producción al tampoco disponer de las prometidas ayudas de la administración.

Asistimos a la progresiva desaparición de la literatura artística, publicaciones especializadas y discursos teóricos imprescindibles para el conocimiento del arte y la cultura así como a la  ausencia de apoyo publicitario que arrastra en su caída a las escasas publicaciones especializadas que se editan en nuestro país, cuya suscripción por parte del Ministerio de Educación y Cultura ha sufrido un drástico recorte; la crisis en el sector arrastra las empresas trabajadoras en las actividades de museos y centros de arte: diseño, montaje, imprentas, servicios audiovisuales, etcétera.

Desde el 1 de septiembre, el impuesto sobre el trabajo intelectual se eleva de hecho a la cantidad brutal del 40% de la retribución bruta, pues a la retención del 19% de IRPF se suma el 21% de IVA, que deben cotizar la mayoría de profesionales autónomos del mundo del arte. Cotizamos más que ningún otro país de la zona euro.

La educación artística no es, como ha señalado el ministro Wert, una asignatura “que distrae”. Calificar de materias “instrumentales” a aquellas ligadas a la producción inmediata, además de ser un insulto a materias como las matemáticas y el lenguaje, y desatender y despreciar la educación patrimonial, la alfabetización visual, la educación estética y la expresión artística nos hace pensar en el apoyo a una instrucción- que no educación- más ligada al “homo faber” que mencionaba Hannah Arendt y que llevó a la formación de individuos ligados a regímenes políticos aniquiladores. Optar por la razón “instrumental” en lugar de la razón pura o práctica kantiana, es una pérdida. Mirar hacia el pasado y ver como señalaba Walter Benjamin en Angelus Novus, los escombros que deja atrás una civilización basada en la razón “instrumental”, debería ser argumento para hacer pensar a nuestro gobierno qué ciudadanía quiere, o no quiere.

La educación finlandesa, que tanto se pone de ejemplo como educación modelo al obtener los mejores resultados en el informe, PISA -encargado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), y no por organismos como la Unesco que vela por la cultura- tiene entre sus materias obligatorias entre los siete y los diez años, cuatro horas semanales de Artes Visuales, cuatro de artesanía y cuatro de patrimonio, y entre los 11 y 14, tres horas semanales de música , cuatro de Artes Plásticas y Visuales y siete de artesanía y patrimonio

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La supresión del Bachillerato de Artes Escénicas, Música y Danza priva de reconocimiento y desarrollo a aquellas y aquellos jóvenes que quieran desarrollar su educación hacia las artes escénicas, musicales o de danza. La ausencia absoluta de la educación para la danza y expresión dramática, así como la mínima presencia de artes visuales en el currículum de enseñanza primaria delata no sólo la ausencia de interés de los responsables  educativos en la formación en las artes sino la responsabilidad, que será histórica, de privar a niñas y niños del derecho a la educación en las artes.

Tomamos de Walter Benjamin la cita del inicio, que murió escapando de un régimen poco proclive a la cultura:  estamos asistiendo a la barbarie.

No queremos rememorar la cita atribuída a políticos como Goering a veces y otras a Millán Astray, del autor teatral Hanns Johst: Wenn ich Kultur hore ... entsichere ich meinen Browning!, "¡Cuando oigo la palabra cultura, le quito el seguro a mi revólver!”.

Por todo ello, pedimos un vez más, la valoración de la importancia de la cultura como parte esencial del desarrollo humano, y que como tal sea reevaluada en la planificación, presupuesto y consideración del gobierno de España y en los contenidos curriculares de la enseñanza obligatoria.

Firma: MAV (Mujeres en las Artes Visuales), Clásicas y Modernas, Unión de Asociaciones de Artistas Visuales, OFF LIMITS, Asociación de Coleccionistas de Arte Contemporáneo.

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